18/05/2012

Rompiendo la baraja


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Silvia/Kalvellido
 
Los que tienen la casa muerta
 

 

 

y caen despacio

 

 

mientras hacen cuentas.

 

 

Los que saben que el delito

 

 

no es vivir sin primavera,

 

 

no es masticar las deudas,

 

 

no es apretar los huesos y dejar que pasen las tormentas.

 

 

Todos los que saben que el delito es

 

 

partir los cráneos en las protestas,

 

 

ahorcar las voces,

 

 

agriar las horas entre rejas,

 

 

matar limpio y despacio por un pobre salario.

 

 

 

 

Todos los que sabemos que sitiar las plazas

 

 

es el precio que se paga

 

 

por ser libres ahora y siempre vamos a romper las calles.

 

 

Con nuestras manos arruinadas de monedas,

 

 

con nuestros gritos abriéndose paso por las alamedas,

 

 

con nuestro dolor inquieto por tanta barbarie.

 

 

Vamos a romper las calles

 

 

porque el hambre es un crimen

 

 

y la crisis sólo una coartada

 

 

porque las leyes nos ahogan

 

 

y esa mala costumbre de atar cadenas a destajo

 

 

convierten la esperanza en un lugar adonde nadie llega.

 

 

Porque el miedo y sus secuaces espantan en vano

 

 

las conciencias que están despiertas.

 

 

Porque no nos da la gana que tanto hijo de la grandísima,

 

 

tanto cabròn,

 

 

tanto pendejo suelto por esas calles que son nuestras

 

 

crezca sarmentoso,

 

 

coma a dos carrillos

 

 

y pudra la vida honrada

 

 

de quienes tienen derecho a un mañana.